Dos días en París con bebé (ruta por Francia, segunda parte)

Portada París

París no es ciudad para niños, así a priori. O eso pensábamos…

 

Pero somos brabucones. Echaos p’adelante, como se suele decir. O unos padres muy bestias, que dirían otros. Y no podíamos haber llegado ni más ni menos que a Normandía, pasando a pocos kilómetros de París, y no ir hacia la que es probablemente una de las capitales más bella de Europa (desde nuestro punto de vista).

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Total, que para allá que fuimos. De entrada, con un camping mirado. El sentido común nos dice que lo de dormir por libre en las grandes ciudades y sus periferias no es lo más apetecible, preferíamos ir a lo seguro. Fuimos al camping Paris Beau Village y fue un acierto de todas, todas. Además de que el personal fue simpatiquísimo, hablaban español, tenían un bar- restaurante con precios razonables (esto se agradece muy mucho cuando llegas de los desorbitados precios de la capital francesa) y las instalaciones estaban muy bien. Sin grandes lujos, pero con todo lo necesario.

 

Todo incluido por 28 euros la noche en temporada alta.

 

Este camping está a unos 15 minutos andando de la estación de tren Ste Geneve des Bois, en la periferia pero en línea directa hasta los puntos turísticos más señalados de París: Notre Dame, Louvre, Trocadero… Vamos, que habría sido la línea perfecta si no la hubiésemos pillado en obras en agosto pero bueno, aun así la comunicación no era mala, te mete directo a la red de metro de la capital y llegas al centro en aproximadamente media hora de tren.

Llegamos al camping un lunes por la tarde y ese día lo dedicamos a descansar, lavar ropa, dejar que la peque que explayase en el parque, y demás. Puesta a punto antes de los dos días muy intensos que nos esperaban.

 

A día siguiente, bien tempranito, comenzaba la visita.

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¿Nuestros imprescindibles para visitar París con niños?

-Mochila de Porteo (la nuestra es la Ergobaby classic)

-Silla de paseo (la nuestra es la hiper compacta Pockit y aunque no se use todo el tiempo, siempre va bien para llevar los bolsos)

-Comida de emergencia (muy recurridos los sobrecitos de fruta, que no se rompen, ocupan poco y se pueden guardar bien incluso una vez abiertos. Por supuesto también agua).

-Pañales y toallitas

-Una chaquetita de abrigo (aunque sea agosto y aunque amanezca despejado, puede hacer fresco)

 

Dos días a tope…

 

Visitar París al completo en dos días no es posible. Lo que se puede hacer en ese tiempo es verle el forro, pero ¡qué forro! Una visita a esta ciudad, por breve que sea, nunca está de más.

Como Alba ya la conocía, íbamos a tiro hecho y teníamos la lista de imprescindibles.

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Comenzamos la ruta bajándonos en Notre Dame, el primer monumento que veríamos. Desde ahí caminamos todo el río Sena hasta la torre Eiffel y en este camino tenemos: La Santa Capilla, El Museo del Louvre, Petit Palace, Grand Palace, Museo D’Orsay, Plaza de Trocadero, Plazas Concorde y Bastille, y la archifamosa Torre. Todo esto se puede ver por fuera solo caminando por el río de este a oeste en una mañana. Con calma, al ritmo de la peque. Un ratito en silla, otro en mochila, otro durmiendo, otro en hombros, otro cantando… y así, con mucha paciencia y disfrutando del paseo, se hace.

Comimos un burrito en el parque bajo la Torre Eiffel y descansamos un rato.

Después, subimos por la plaza de Trocadero para ver bien vista y a buena distancia la torre que habíamos tenido encima durante la comida, y de ahí salimos a seguir paseando (el primer día, todo paseos) hasta la plaza Concorde, de donde parten los Campos Elíseos. Siguiendo esta famosa avenida llegamos al Arco del Triunfo y damos por terminada nuestra rueda de reconocimiento a la ciudad.

Volvemos al camping reventados. Pero contentos. La niña ha estado a la altura, como siempre, haciendo alarde de su tremenda capacidad de adaptación a las circunstancias tan cañeras que le proponemos.

El día siguiente lo dedicamos a ver: por la mañana, la catedral de Notre Dame por dentro, Y EL Museo del Louvre. Obvia decir que el museo lo vimos un poco por encima, vimos las salas y las obras que más nos apetecían y no vimos más que quizás un 30 por ciento del museo. Eso sí, nos facilitaron bastante la vida dándonos prioridad para entrar por ir con un bebé. Estuvimos poco más de dos horas en el museo y comimos en sus jardines, disfrutando así un rato más de el impresionante palacio que lo aloja.

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Momentazo de Uve en la sala de Bernini señalando a las estatuas al grito de “mira papá, tiene pito”. Solo por esas risas, todo el cansancia ha merecido la pena.

Después, rumbo al barrio de Mont Martre, ya en metro. Llegamos a la Plaza Concorde a través de los Jardines de las Tullerías.

En el barrio de Mont Martre encontramos un París de película. Subimos en Funicular al Sagrado Corazón y disfrutamos de sus impresionantes vistas además de la visita al precioso templo. Paseamos un rato por sus calles, visitamos la calle Pigale con toda su sordidez y llegamos al Moulin Rouge, donde dimos por finiquitado nuestro cameo con la ciudad de París.

 

Nos había dado tiempo a ver lo más destacado.

¡Hasta tuvimos tiempo de ser atracados -con elegancia- al tener que pagar once euros por un café!

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Así, podemos decir que nuestra experiencia con París fue completa.  Con toda su belleza, con todo el cansancio que se paga por el privilegio de poder recorrerla a pie, con sus altísimos precios, y con esa sensación que te queda cuando la dejas de haber visto una ciudad como ninguna otra.

 

¿Nuestro consejo para viajar con peques a esta ciudad?

  1. Sin ir demasiado cargado, ir muy bien equipado
  2. Atreverse. Merece la pena y es una experiencia enriquecedora, también para ellos. Lo vivido compensa el cansancio
  3. Integrar al peque en la visita: déjarles que disfruten a su manera de la ciudad parando en un parque a perseguir pájaros, mirando los pitos de las esculturas más famosas de la historia del arte, sorprendiéndose con el ir y venir de los barcos por el Sena, explorando los colores de las vidrieras, haciendo fotos y dejándo que él o ella las haga también…

Si nos adaptamos a su ritmo y le dejamos que nos enseñe su visión de la ciudad, nuestro peque nos ayudará a verla con otros ojos, mucho mejores. Salimos de la visión del mero turista y podemos enamorarnos aún más de una ciudad como esta si decimos sí a atormentar a las palomas de los campos Eliseos. Sí a zamparnos (otro) crepe de chocolate pringándonos al máximo frente a la Torre más famosa del mundo. Sí a saltar desde el bordillo de la pirámide de crital del Louvre una y otra vez. Sí al funicular. Sí al tiovivo. Sí a París con niños y niñas.

Pero sobretodo, sí a París con ojos de niñ@.

 

Tres en furgo

One thought on “Dos días en París con bebé (ruta por Francia, segunda parte)”

  1. Qué alegría chicos cuando me he encontrado con vuestro blog.
    Me ha parecido unas vacaciones maravillosas y sobretodo con esa niña tan preciosa y alegre.
    Ya esperamos vuestra próxima salida!!!!!
    Besos a los tres..

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