Visitando Cuenca en furgo. Nuestro estreno furgonetero.

CUENCAPOST

Este puente de marzo ha sido nuestro estreno furgonetero. Con la furgo a medias, todo sea dicho. Nos ha podido el ansia, pero teníamos lo básico para empezar, y no se ha dado nada mal.

La experiencia nos ha servido para darnos cuenta de qué cosas debemos mejorar, como optimizar la distribución, los equipajes, y más trucos que mejorarán nuestra experiencia. Pero lo básico, el viajar con libertad absoluta de movimiento, el aire libre, el ritmo relajado del viaje en furgo, eso nos ha encandilado definitivamente.

 

Esta primera escapada ha sido a Cuenca. Hemos estado tres días rulando por el entorno y la ciudad, y podemos decir que nos ha cundido bastante. Finalmente optamos por la cercanía a Madrid para poner a prueba nuestras recién estrenadas artes furgoneteras. Este fue nuestro recorrido:

 

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Viernes:

Salimos de Madrid sobre las 15.30 de la tarde, y en poco más de un par de horas estábamos en Cuenca ciudad. No nos apetecía dormir en ciudad, buscábamos perdernos, así que continuamos un poco por la carretera hacia Serranía de Cuenca y paramos en el primer pueblo: Villalba de la Sierra. Tampoco queríamos salir del núcleo urbano, puesto que no estábamos seguros de donde empezaba el Parque Nacional de la Serranía, así que aparcamos en un pinar a las afueras del pueblo, pero en el municipio. Después de jugar un buen rato en el pinar con Uve, bajamos al pueblo a tomar una caña con su pincho de ajoarriero (para nosotros, nada mejor para sentirnos bien recibidos a un sitio que una buena tapa de productos típicos). Cenamos algo en la furgo, peli, y a dormir.

 

Sábado:

Empezamos el día bien temprano, como para las 8.30 Uve tocó diana (suele hacerlo así los fines de semana, los días laborables duerme mucho más). Abrimos nuestro Bamush y nos hicimos el desayuno, que nos tomamos con toda la calma en nuestro “salón”. De ahí, partimos a ver el nacimiento del Río Cuervo, en Vega del Codorno. Un paraje natural de tremenda belleza, aunque algo masificado, y más en puente. Allí vimos más campers y autocaravanas. Aparcamos e hicimos la visita, que merece mucho la pena y se hace muy bien con niños porque es una ruta cortita, de 1,5 kilómetros y bastante accesible para carritos. Nosotros la hicimos con nuestra mochila Ergobaby, y a ratos a hombros, y a ratos en brazos, y a ratos a pasitos. Así se las gasta Uve.

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Después de esta ruta nos cocinamos unos guisantes con jamón en nuestra mini cocina, comimos tranquilamente donde estábamos aparcados, y después de descansar nos fuimos hacia la Ciudad Encantada. Otra ruta en la naturaleza donde se pueden ver formaciones rocosas singulares que, si dejas volar tu imaginación, te recuerdan a cosas, animales, situaciones… Es muy bonito, merece la pena, aunque también está masificado al ser uno de los puntos turísticos clave de la zona, estaba petao. La entrada cuesta 5 euros sin guía, ya que nosotros quisimos ir a nuestro aire y ritmo. No llevábamos carrito pero sí que había gente que lo llevaba. Se puede hacer con el carrito pero desde nuestro punto de vista no es lo más cómodo, especialmente en algunos tramos. Es una ruta circular de 3 kilometros y se tarda más o menos hora y media en completar.

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Esa noche dormimos en el aparcamiento de la Ciudad Encantada junto con otras tres pedazos de caravanas. Parecíamos tan chiquitines a su lado que dábamos ternura… Aprovechamos y subimos al murador de Uña, que quedaba a un paseo de 1,5 kilómetros. Mereció mucho la pena. Uve se echó una cabezadita y se perdió el paso de un rebaño de tropecientas ovejas que le habría encantado ver. Nosotros vimos una puesta de sol fantástica en el paseo. Muy agradable. Después nos cenamos un embutido de ciervo a las finas hierbas que compramos allí mismo, con unas tostas de ajoarriero. Para qué queríamos más. Esa noche dormimos como bebés.

 

 

Domingo

El domingo entramos en camping. Apetecía ducharse, había que cargar aparatos (nos había traicionado un adaptador usb que compramos de urgencia en un chino y que no funcionó jamás). Nos fuimos al Camping Caravaning Cuenca, a 7 kilómetros de la ciudad por la carretera de Tragacete. Llegamos por la mañana, nos dimos una ducha, cargamos móviles y dejamos a Uve recrearse en el parque, y sobre las 13.00 nos fuimos a ver Cuenca ciudad. Por el camino encontramos una zona de autocaravanas, en un desvío que pone “playa municipal” había unas pocas. Durante todo el puente vimos muchas furgos y autocaravanas. La visita a la ciudad de Cuenca nos resultó un poco chunga. A ver, sin desmerecer la belleza de la ciudad, que la tiene, no nos pareció un lugar práctico para ir con bebés andarines. uve no quiere la sillita por mucho tiempo y en esta ciudad (en su zona monumental, para ser más justos) encontramos aceras muy estrechas e irregulares, cuestas infinitas, centenares de escaleras. La peque quería andar y no siempre era seguro ni práctico. En la zona de la muralla estuvimos más agusto con ella un poco más libre, además de las preciosas vistas. También es verdad que nos costó encontrar un sitio para comer donde la niña fuese a estar a gusto, que no fuera muy chic, ni estuviera demasiado masificado. Encontramos uno con una terraza en zona peatonal y nos gustó bastante la comida, aunque era pequeñito y tuvimos que esperar bastante tanto para que nos dieran mesa como durante el servicio. Luego dimos otra vuelta, compramos un chorizo de chocolate que estaba de muerte, y volvimos al camping. Allí nos tomamos uno vinos en el restaurante que merece una mención por ser un sitio totalmente baby friendly: tenían una sala llena de juguetes para los pequeñajos. Y además unas tapas riquísimas.

 

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Lunes

El lunes, antes de tirar para Madrid, queríamos ver el paraje de Palancar y Tierra Muerta, y fue un acierto. Esta a media hora escasa de Cuenca y es un entorno natural precioso y nada masificado donde podemos ver Torcas, una especie de depresiones de terreno enormes. Nosotros no habíamos visto nunca nada parecido. Había poca gente y hay difernetes rutas marcadas para verlas. Nosotros escogimos la de media hora porque queríamos llegar medio pronto a Madrid y ahorrarnos en atasco en la medida de lo posible (casi lo conseguimos). Después de esta estupenda y sorprendente visita, dimos por terminado nuestro puente y pusimos rumbo a la casa sin ruedas.

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En definitiva y resumiendo:

 

Hemos recorrido (aproximadamente) 556 kilómetros

Madrid-Villalba de la Sierra: 187km

Villalba-Nacimiento del Río Cuervo: 67km

Río Cuervo- Ciudad Encantada: 63km

Ciudad Encantada-Cuenca: 30km

Cuenca- Palancares y Tierra Muerta: 23 km

Palancares-Madrid: 186km

 

Nos hemos gastado (aproximadamente): 200 euros

Gasoil: 88 euros

Comida: 60 euros (entre restaurante y compra)

Camping: 20 euros

Cañas: 20 euros

…y demás caprichines y compras.

 

Nos ha quedado por ver (por falta de tiempo)

La ruta de las caras de Buendía

Las Majadas

 

Nuevas necesidades y mejoras para la furgo que hemos detectado:

-Necesitamos la batería extra antes de nuestro primer viaje largo, en Semana Santa

-Hay que organizar mejor el equipaje

-Barajamos la posibilidad de quitar los asientos traseros

-Podemos quitar algo de colchón, nos sobra.

-Tenemos que tratar y pintar la madera, y redondear las esquinas de la mesa

 

Puntos fuertes de la furgo:

-Cama muy amplia y colchón muy cómodo

-Mesa muy amplia

-El altillo de la nevera sirve como asiento de Uve

-El aislamiento se nota, nada de frío

-La nevera, aunque pequeñita, da buen servicio para tres días, y para más si compramos con cabeza y frecuencia.

 

Más allá de toda esta evaluación, nos quedamos con la buena sensación de haber vivido una experiencia estupenda, habernos hartado de aire libre y parajes preciosos, y haber visto disfrutar a nuestra peque que, entre otras cosas, ha aprendido a lanzar cosas. Piñas, más concretamente.

 

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Con la mente ya puesta en nuestro próximo destino, nos declaramos definitivamente fans de los viajes en furgo. Tienen otro rollo, otra magia, otra gracia. Un queseyo que yoquesé. El caso es que repetimos in duda, muy pronto, más días, más lejos.

Y hasta entonces, nos vemos por aquí 🙂

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